España enfrenta su accidente ferroviario más grave de los últimos diez años tras el choque y descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad ocurrido el domingo 18 de enero de 2026, en la provincia de Córdoba, al sur del país. El siniestro dejó al menos 39 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, mientras las autoridades advierten que la cifra de víctimas mortales podría aumentar.
El accidente se produjo alrededor de las 19:45, a la altura del municipio de Adamuz, cuando los últimos vagones de un tren de la compañía privada Iryo, que cubría la ruta Málaga–Madrid, descarrilaron e impactaron contra un tren Alvia de la empresa estatal Renfe, que circulaba en sentido contrario entre Madrid y Huelva. Ambos convoyes viajaban a una velocidad aproximada de 200 kilómetros por hora, lo que provocó un impacto de extrema violencia.
Como consecuencia del choque, varios vagones quedaron reducidos a amasijos de hierro y algunos cayeron por un terraplén de unos cuatro metros de profundidad, dificultando las tareas de rescate. En el tren de Iryo viajaban cerca de 300 pasajeros, mientras que el convoy de Renfe transportaba a 184 personas.
Las autoridades confirmaron 39 fallecidos y 112 heridos trasladados a distintos hospitales de Andalucía. Según la Agencia de Emergencias, 48 personas permanecen hospitalizadas, 12 de ellas en estado crítico. Entre los heridos se encuentran cinco menores de edad, uno en condición muy grave. Algunos cuerpos deberán ser identificados mediante pruebas de ADN, debido al estado en que quedaron tras el impacto.
La conexión ferroviaria de alta velocidad entre Andalucía y Madrid fue suspendida, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, advirtió que las afectaciones al servicio podrían extenderse durante varias semanas. Asimismo, se habilitaron puntos de información para los familiares de las víctimas y se activaron equipos de asistencia psicológica en varias ciudades del país.
Las causas del accidente continúan bajo investigación. Las autoridades han pedido evitar especulaciones, ya que el siniestro ocurrió en un tramo recto, con trenes nuevos y una vía recientemente renovada. El exceso de velocidad y el error humano han sido descartados de manera preliminar.
La investigación está a cargo de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, que analiza información técnica de las empresas operadoras y de la infraestructura. Expertos no descartan una posible falla mecánica en los últimos vagones del tren que descarriló primero.
Testimonios de sobrevivientes describen escenas de pánico, con fuertes sacudidas, objetos volando dentro de los vagones y momentos de caos tras el impacto. Los equipos de rescate continúan trabajando en condiciones complejas.
España cuenta con la red de alta velocidad más extensa de Europa y la segunda más grande del mundo, solo por detrás de China. La magnitud de esta tragedia ha reabierto el debate nacional sobre la seguridad del sistema ferroviario.














