La escalada de tensiones políticas entre Estados Unidos y Venezuela ha abierto interrogantes en distintos ámbitos internacionales, incluido el deportivo. A poco más de un año del inicio del Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, analistas y especialistas evalúan si un eventual agravamiento del escenario geopolítico podría afectar la organización del torneo.
Hasta el momento, no existe ningún pronunciamiento oficial de la FIFA que advierta riesgos para la realización del campeonato. El organismo rector del fútbol mundial mantiene su planificación sin cambios y ha reiterado en ocasiones anteriores que los eventos deportivos internacionales se rigen por criterios técnicos, logísticos y de seguridad, más allá de coyunturas políticas.
Estados Unidos será la sede principal del Mundial 2026, con la mayor cantidad de partidos y estadios asignados, mientras que México y Canadá actuarán como coanfitriones. La magnitud del evento implica una coordinación multinacional en materia de seguridad, migración, infraestructura y transporte, aspectos que, según expertos, cuentan con protocolos consolidados desde hace varios años.
En el caso específico de Venezuela, la selección nacional aún se encuentra en proceso de clasificación al Mundial. De lograr un cupo, la principal preocupación se centraría en aspectos administrativos como visados, traslados y garantías diplomáticas para la delegación y los aficionados, un escenario que no sería inédito para la FIFA, que ha gestionado situaciones similares en ediciones anteriores.
Especialistas en relaciones internacionales coinciden en que, si bien las tensiones políticas pueden generar ruido mediático, es poco probable que deriven en una afectación directa al torneo. “Los grandes eventos deportivos suelen blindarse institucionalmente para evitar que conflictos bilaterales interfieran en su desarrollo”, señalan analistas consultados.
No obstante, advierten que un eventual endurecimiento de sanciones, restricciones migratorias o conflictos de mayor escala sí podría generar desafíos operativos, especialmente para selecciones, hinchas o patrocinadores provenientes de países con relaciones diplomáticas complejas con el país anfitrión.
Por ahora, el Mundial 2026 avanza conforme al cronograma establecido, con inversiones en infraestructura, venta de derechos comerciales y planificación logística en marcha. La FIFA y los países organizadores mantienen el discurso de que el torneo será un evento de integración global, al margen de disputas políticas.
Mientras tanto, el debate sobre la influencia de la geopolítica en el deporte vuelve a poner sobre la mesa una realidad recurrente: aunque el fútbol busca mantenerse al margen de la política, los grandes acontecimientos internacionales no están completamente aislados del contexto global en el que se desarrollan.













