El café de especialidad ecuatoriano atraviesa un momento favorable en los mercados internacionales, impulsado por la calidad del grano y los altos precios registrados en los últimos años. Detrás de este producto se encuentran cientos de pequeños productores que cultivan café en fincas de reducida extensión y que, mediante la organización y la asociatividad, han logrado posicionar su producción en países de Europa y Estados Unidos.
En zonas de la Amazonía, Manabí, Carchi, Loja y El Oro, los cafetales se encuentran en temporada de producción y cosecha. El café oro de especialidad supera los 500 dólares por quintal en determinadas zonas productoras, de acuerdo con representantes del sector. Este comportamiento responde, entre otros factores, a la reducción de la oferta mundial, enfermedades como la roya y la broca y condiciones climáticas adversas que han afectado a importantes países productores.
Sin embargo, pese a la calidad de su café y al buen momento de los precios internacionales, Ecuador mantiene una participación limitada en el mercado. Según datos de la Asociación Nacional Ecuatoriana de Café (Anecafé), el país produce alrededor de 150.000 quintales anuales, frente a una demanda interna cercana a los 300.000 quintales, por lo que debe recurrir a la importación para cubrir parte de su consumo.
LOJA Y LA AMAZONÍA DESTACAN POR LA CALIDAD
Loja se ha consolidado como uno de los principales referentes nacionales del café de especialidad. La provincia acumula 11 títulos de la Taza Dorada, concurso nacional que ha contribuido a visibilizar la calidad del café ecuatoriano. En 2022, un café producido en el cantón Quilanga alcanzó una calificación de 92,65 puntos, una de las más destacadas de la historia del certamen.
Una de las organizaciones que ha impulsado este modelo es la Federación Regional de Asociaciones de Pequeños Cafetaleros Ecológicos del Sur del Ecuador (Fapecafes), que articula a productores de Loja, Zamora Chinchipe y El Oro.
La organización agrupa aproximadamente a 800 productores, quienes trabajan en unas 1.000 hectáreas de café distribuidas en seis asociaciones. Su producción cumple estándares de agricultura orgánica y libre de deforestación, requisitos cada vez más importantes para acceder al mercado europeo.
Los productores asociados reciben entre 510 y 525 dólares por quintal de café oro, mientras que Fapecafes exporta directamente su producción a países como Francia, Italia y Alemania. La organización mantiene contratos de alrededor de 20 contenedores anuales, consolidándose como uno de los principales actores del café de especialidad del sur del país.
En esta cadena también participa la Asociación de Producción Cafetalera del Sur Oriente de la Provincia de Loja (Procafeq), integrada por 141 socios de los cantones Espíndola, Quilanga, Gonzanamá y Calvas. Sus productores generan aproximadamente 2.000 quintales anuales, destinados a la exportación.
CARCHI INCORPORA VALOR A SU PRODUCCIÓN
En el norte del país, los pequeños caficultores de Carchi también avanzan hacia un modelo basado en calidad y valor agregado. La Red de Integración Económica de Caficultores del Carchi agrupa a 125 familias, cerca de 500 personas, que trabajan en aproximadamente 280 a 290 hectáreas.
La producción anual de la red alcanza entre 300 y 350 quintales, con rendimientos que han mejorado en los últimos años. Cerca del 90% del grano se traslada a Loja para su transformación, mientras que el 10% se procesa localmente bajo la marca Entre Montañas.
El café de estas fincas alcanza calificaciones de entre 84 y 85 puntos, mientras que alrededor del 3% de las fincas obtiene cafés de excelencia, con puntuaciones de entre 87 y 88 puntos. Estos niveles de calidad permiten a los productores acceder a mejores precios y mercados especializados.
ECUADOR REDUJO DRÁSTICAMENTE SU SUPERFICIE CAFETALERA
A pesar del potencial del sector, Ecuador todavía enfrenta una profunda reducción de su superficie dedicada al cultivo de café. Según la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua (ESPAC) del INEC, en 1994 el país llegó a registrar alrededor de 521.000 hectáreas, mientras que en 2025 la superficie sembrada se ubicó en aproximadamente 33.926 hectáreas.
Aunque en 2025 se observó una recuperación frente al año anterior, cuando se registraron 23.494 hectáreas sembradas, el país todavía se encuentra muy lejos de los niveles históricos de producción.
Entre los principales problemas identificados por representantes del sector están el envejecimiento de los cafetales, la falta de tecnificación, el limitado acceso a créditos, el escaso apoyo a los pequeños productores y la falta de mano de obra.
En provincias como Loja, además, los productores enfrentan dificultades para encontrar trabajadores durante la cosecha. La migración de jóvenes hacia otras actividades económicas ha reducido la disponibilidad de mano de obra y elevado el costo de los jornales.
LA TAZA DORADA IMPULSÓ LA CALIDAD
El concurso nacional Taza Dorada, creado en 2007, se convirtió en una plataforma para mostrar el potencial del café ecuatoriano. Desde entonces, las calificaciones obtenidas por los productores han mejorado de manera significativa.
Mientras en 2007 los cafés participantes alcanzaban puntuaciones de entre 65,50 y 82 puntos, en la edición de 2025 los mejores productos se ubicaron entre 88,17 y 91 puntos.
El crecimiento de este segmento también ha permitido que productores ecuatorianos participen en subastas internacionales. Uno de los casos más destacados ocurrió con un café producido en Imbabura, cuya libra alcanzó un precio de 144,50 dólares en una subasta, tras obtener una calificación de 90,13 puntos.
El avance del café de especialidad demuestra que los pequeños productores ecuatorianos tienen capacidad para competir en mercados internacionales cuando cuentan con organización, procesos de calidad, valor agregado y acceso a compradores especializados.
No obstante, el desafío para Ecuador continúa siendo recuperar su capacidad productiva. Mientras el café de especialidad gana reconocimiento en Europa y Estados Unidos, el país aún debe enfrentar la reducción de sus áreas de cultivo, la baja tecnificación y las dificultades que afectan a miles de familias dedicadas a esta actividad agrícola.














